Evento Politico con Victor Toro

by on January 5, 2012

Sabado 14 de enero, 2012 6:30pm
Solidarity Center
55 W 17th St
New York City
Manhattan, entre 5th & 6th Ave.

Evento Politico Victor Toro

Victor and his defense team will give an update on the case and will speak on the OWS movement as well as on the immigration movement.

Victor Toro is facing deportation to Chile after being racially profiled on an Amtrak train in 2007. Supporters state that Toro has earned the right to stay in the U.S. with his family.

Performance by: HUASIPUNGO

Raffles: Chilean wine and a poster of Victor Toro

Friends of Brook Park

by on

See this video with La Pena and Victor, after 1:55

El Comité de Defensa del caso Víctor Toro

by on September 29, 2011

El Comité de Defensa del caso Víctor Toro

Lanza una nueva fase en la Campana Nacional de Peticiones

y cartas al Congreso para exigir la NO deportación de Víctor

El Comité en Defensa de Víctor Toro está lanzando la próxima nueva faceta de la campaña para detener la deportación del activista chileno de 69 años Víctor Toro. Diana Crowder, la Coordinadora de la campaña expreso que el comité de defensa se ha reunido frecuentemente para planificar nuevas e innovadoras, formas para re energizar la campaña  de Víctor Toro.

Una nueva petición, panfletos y tarjetas dirigidas al fiscal General de los Estados Unidos Eric Holder y también Janet Napolitano al igual que al secretario de Defensa y Seguridad están listas y disponibles en la página Web: www.may1.info.

El Comité anuncio que el comité de defensa ha tenido un gran empuje con la suma de la Escuela de Derecho de CUNY y la Clínica para los Derechos de los Inmigrantes y los Refugiados que han tomado el caso de Víctor como sus representantes legales.

Trasfondo del caso

Toro fue arrestado por miembros de la patrulla fronteriza de  EE. UU, el 5 de julio de 2007 en un tren de Amtrak en Rochester, NY. El Comité afirmo que él fue víctima del perfil racial, cuestionado por su estatus migratorio y detenido. Víctor  y su esposa Nieves Ayress son ambos defensores de la justicia social por un largo tiempo.

En Chile organizaron y lucharon contra la dictadura de Augusto Pinochet orquestada por Estados Unidos. Ambos fueron forzados a salir de Chile como resultado de la brutal tortura y la ola de represión en contra del movimiento político. Miles de chilenos fueron masacrados a la vez.

No obstante Nieves y Víctor nunca renunciaron a su lucha por los derechos del pueblo. En Nueva York, fundaron La Peña del Bronx desde hace 24 años y son organizadores activos en la Coalición Primero de Mayo para los derechos  de los Trabajadores y los inmigrantes. Ambos son activistas contra la guerra y la justicia social en todas las causas progresistas.

En Chile, Víctor  fue instrumental en la lucha por la sobrevivencia básica en su comunidad, incluyendo la lucha por el agua y la vivienda. Nieves es una activista con una larga trayectoria en la defensa de los derechos de la mujer y los grupos indígenas.

En marzo de este año, la Jueza que presidio el caso de Víctor  Toro le negó la petición de asilo político. Toro enfrenta una posible deportación en cualquier momento. La negación es un revés a la lucha por la justicia no solamente por Toro pero si para todo los inmigrantes indocumentados por los cuales Toro lucha arduamente.

El Comité de Defensa exige que a Víctor Toro se le permita permanecer en los Estados Unidos,  ya que una deportación hacia Chile lo arrancaría de su familia y de su comunidad en El Bronx. Además, el enfrenta represión y le peligro de ser asesinado si regresara a Chile, debido a que el aparato represivo de Pinochet sigue vigentes en las sombras en ese país.

La evidencia presentada por la Jueza Sarah Burr, junto al testimonio de Víctor Toro, fueron de tal magnitud que ningún juez objetivo le hubiese negado la petición de asilo presentada por el ex prisionero político chileno.

La Jueza Burr concluyo que Víctor Toro tomo un largo tiempo en presentar su solicitud de Asilo Político  y que las condiciones en Chile han cambiado lo suficiente como para que Víctor retorne a Chile sin problemas. Esta conclusión por la Jueza Burr ignora completamente el testimonio presentado por Víctor Toro y su equipo de defensa.

Su equipo legal expreso preocupación desde el primer  momento en que los abogados del Departamento de Seguridad Nacional, presentaron la idea de que Víctor Toro estaba vinculado al “terrorismo” o que  “el mismo es un terrorista”. La preocupación es que la acusación infundada de terrorismo, no permitiría que el caso fuese juzgado justo y objetivamente. La decisión del La Jueza Burr demuestra que la preocupación del Comité era válida.

Para ayudar y apoyar

El Comité de Defensa de Víctor Toro, esta urgiendo a las fuerzas progresivas, activistas de derechos de los inmigrantes, activistas de derechos laborales, anti-guerra y todas las personas conscientes para exigir la NO deportación de Víctor Toro. Cartas pidiendo apoyo se están escribiendo y enviando a varios miembros del Congreso, especialmente los representantes de Nueva York.

El Comité ha realizado una tarjeta que será enviada al Fiscal General Eric Holder y también a la Secretaria de Seguridad, Janet Napolitano. Se está trabajando una petición en línea que estará lista muy pronto.

Su apoyo se puede dar reuniendo a sindicalistas o miembros líderes religiosos, organizaciones anti-guerra para que firmen en apoyo para que Víctor Toro permanezca en Estados Unidos. Víctor, Nieves, sus abogados y otros miembros del comité están disponibles para realizar entrevistas con la prensa o para hablar en eventos que nos ayuden a divulgar este caso.

Para recibir una copia de la petición, el panfleto, la tarjeta o para involucrarse con este trabajo por favor visite: www.may1.info, o  llame al 718-292 6137.

KEEP VICTOR TORO IN THE U.S.

by on August 22, 2011

Download and send these postcards to Attorney General Eric Holder and Homeland Security Secretary Napolitano.

Victor Toro, Tortured in Chile, Fights Deportation

by on

New York Times

April 17, 2011
A version of this article appeared in print on April 18, 2011, on page A17 of the New York edition.

Victor Toro, Tortured in Chile, Fights Deportation

Victor ToroMichael Kamber for The New York Times
Victor Toro at a South Bronx community center. He was imprisoned and tortured in Chile, and entered the United States illegally in the 1980s.

By DAVID GONZALEZ

Whether fighting a military dictator in Chile, speaking up for the impoverished in the South Bronx or denouncing United States intervention overseas, Victor Toro has never been shy about his left-of-center politics. So why should he start now?

Perhaps because he faces imminent deportation to his native Chile, after the authorities discovered that he had been living illegally in the United States since 1984.

A well-known advocate for immigrants and the needy in New York, Mr. Toro has been in and out of immigration court for nearly four years, unsuccessfully battling a deportation order and trying to win asylum. But unlike most supplicants there, he has remained stubbornly outspoken outside the courtroom — corralling colleagues for May Day rallies, demanding changes in immigration laws and criticizing the United States government, which has accused him of having belonged to a Chilean terrorist group in the 1970s.

Even as he announced a last-ditch legal appeal last month, he went out of his way to fault President Obama for not apologizing for the role of the United States in the 1973 coup that ousted a Chilean president, Salvador Allende, and installed Gen. Augusto Pinochet.

“It’s not just about my situation,” Mr. Toro later explained, “but about the crisis facing different communities and anyone who is confronting oppression.”

At 68, Mr. Toro has many reasons to resist a return to Chile. He was imprisoned and tortured there during the Pinochet regime. He has few relatives and even fewer prospects there, having built a life and family in the Mott Haven section of the Bronx, where he established La Peña, a popular cultural and political center.

Some of his staunchest supporters wish that for his sake, he would focus more closely on his own predicament.

“He wants to see himself as a fighter and part of a collective struggle, but in U.S. jurisprudence it’s about the individual,” said Temma Kaplan, a Rutgers University historian who has written about Chile. “It’s like a time warp. We are fighting these immigration cases in the 21st century, but he’s a person who was formed in the 1960s.”

Inside the loft that La Peña shares with the Rebel Diaz arts collective, Mr. Toro plopped down in a chair, his heavy-lidded eyes framed by white hair pulled back into a ponytail. Political posters and fliers lay about the space, where concerts and film screenings are regularly held.

“We always said it’s not enough to express yourself culturally,” he said. “You are in the midst of all these great social problems, and you have to put that in the mix.”

He admitted he was among the founders of the Revolutionary Movement of the Left, known by its Spanish acronym, MIR, a Chilean socialist group that emerged in the 1960s. Though the group financed its activities through bank robberies it called “expropriations,” Mr. Toro said he never participated, but organized working people.

Mr. Allende’s overthrow in September 1973 sent Mr. Toro into hiding, though he was eventually arrested and interned at a series of camps, where he was tortured. He speaks little about these degradations, which included being bound to a metal bed frame and shocked repeatedly. He was freed in 1977, and left the country. The government declared him dead — a message, he said, that if he returned he could disappear.

After stays in Cuba and Nicaragua, Mr. Toro won asylum with his wife and infant daughter in Mexico. But feeling vulnerable to agents of the Pinochet regime, they crossed the border illegally into Texas, and finally settled in the South Bronx.

“I saw here the third world that I had come from,” he said.

Mr. Toro threw himself into local activism, helping to organize unlicensed street vendors, staging music and art events, and providing a meeting space for immigrants from Mexico, the Dominican Republic and Honduras. Then, in July 2007, after attending conferences on immigrant rights in several cities, he was on an Amtrak train outside Buffalo when immigration agents asked for identification. All he had was an expired Chilean passport. He was arrested.

Hearings were held late last year, and in March an immigration judge, Sarah Burr, denied Mr. Toro’s asylum request, saying his homeland was now safe because democracy was restored in 1990.

Still, she rejected the government’s claim that Mr. Toro had engaged in terrorism. And she seemed sympathetic, saying she thought it “incomprehensible” that he had not tried before his arrest to seek asylum or a green card, especially since his wife and daughter are legal residents.

Mr. Toro said he had not applied for asylum earlier because he distrusted the United States government for its support of the Pinochet dictatorship. Rather than risk deportation, he said, he had waited for a change in immigration laws.

An appeal has won him a temporary stay of deportation. He and his lawyer plan to argue that Mr. Toro’s support for the rights of indigenous groups could put him at odds with the Chilean government.

But human rights advocates say Chile is not the repressive country Mr. Toro fled. “Chile has made significant strides,” said Jose Miguel Vivanco, director of the Americas division of Human Rights Watch.

Mr. Toro’s supporters fear that simply returning there could wreak havoc on him. His physician, Dr. Clyde Lanford Smith, testified that Mr. Toro’s past torture had lingering effects.

“His mental health is not going to be good because of what happened to him 25 years ago, where he saw so many of his friends knocked off,” said Dr. Smith, who works with torture survivors. He noted that since Mr. Toro was arrested, he had become quieter, and afraid of crowds.

Yet Mr. Toro continues to volunteer at La Iglesia Evangélica Española, a church where hundreds of people go each week for a hot meal and a sack of groceries. He has counseled teenagers to quit gangs and helped drug addicts enter detoxification.

The Rev. Danilo Lachapel, the church’s assistant pastor, said that, yes, Mr. Toro remains unapologetically political. Should he mute himself?

Mr. Lachapel voiced doubt that Mr. Toro ever could. “I think he has become more radical,” he said with a chuckle. “Given his trajectory, if he became a moderate, all of a sudden it would only make the government more suspicious of him.”

Las múltiples vidas de Victor Toro

by on July 14, 2011

AP

Las múltiples vidas de Victor Toro

Por Por CLAUDIA TORRENS y EVA VERGARA

NUEVA YORK (AP) — Cuando Víctor Toro camina por las pintorescas calles del sur del Bronx, exhibiendo su barba blanca y con una pañoleta roja sobre la cabeza, no pasa desapercibido: la gente lo conoce, lo llama por su nombre.

Han leído sobre él en periódicos, han visto su rostro en la televisión. El chileno ha luchado durante tres décadas por los derechos de los inmigrantes, ha alimentado a indigentes en iglesias, y ha luchado por alejar a jóvenes de las drogas.

Pese a su popularidad, Toro no sabe si va a poder continuar trabajando con las comunidades inmigrantes del tumultuoso barrio neoyorquino, donde demasiados lazos lo atan.

Una orden de deportación pende sobre el ex guerrillero de 68 años, uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Chile, y quien fue exiliado después de haber sufrido torturas bajo la dictadura del general Augusto Pinochet.

Arribó a Estados Unidos en 1984 tras cruzar ilegalmente la frontera a través del río Bravo, cerca de El Paso, Texas, luego de refugiarse en México, donde, dice, lo perseguían policías del dictador Augusto Pinochet.

Pese a estar casado con Nieves Ayress, una chilena que es ciudadana estadounidense y a quien conoció en un campo de concentración chileno, no puede regularizar su situación migratoria.

Según la Ley de Inmigración y Nacionalidad estadounidense, una persona que entra ilegalmente no puede cambiar su estatus migratorio si se casa con alguien que sí tiene estatus legal.

Sólo quienes entraron legalmente al país o quiénes están cobijados bajo la sección 245(i) de esa ley —que aplica a quienes entraron legalmente al país— pueden solicitar la residencia permanente a través de un familiar.

La pareja tiene una hija, Rosa Victoria Toro, que nació en Cuba durante la larga peregrinación de Europa hacia Nueva York, donde Toro finalmente echó algunas raíces.

Ella es residente permanente en Estados Unidos. La familia cuenta ya con una nieta.

Toro nunca solicitó la residencia legal y a la larga fue arrestado en 2007 en un tren en Rochester, Nueva York, tras haber participado en una manifestación a favor de los derechos de los inmigrantes.

Cuando los policías de inmigración le pidieron su documentación, Toro les entregó un pasaporte chileno caducado.

Desde entonces él y su abogado, Carlos Moreno, luchan para que se le otorgue asilo en Estados Unidos. Pero en marzo pasado la juez Sarah Burr negó la petición y él apeló, lo cual retrasó su inminente deportación.

Para que una solicitud de asilo tenga éxito, según la ley estadounidense, debe someterse a consideración de las autoridades dentro del año de salida del país de origen, salvo contadas excepciones que tampoco son aplicables a este caso.

Un grupo de amigos, en su mayoría jóvenes que Toro ha ayudado, no lo desampara y pelea sin denuedo por su caso.

Parece un séquito que lo acompaña y que abarrota las cortes de inmigración, le organizan ruedas de prensa y planean hacer una manifestación de apoyo.Tras 27 años viviendo como indocumentado en Estados Unidos, este activista y, para muchos, héroe anónimo del Bronx vive en un limbo legal que lo ha obligado a repasar su pasado y a enfrentar los fantasmas que dejó en su país natal.

Teme regresar y reencontrarse con sus torturadores a un país que, además, lo declaró muerto en 1978 a solicitud de su madre, un año después de expulsarle.

“Me siento como un palestino”, dijo a The Associated Press el chileno de ojos tristes, mirada firme. “Un palestino que no tiene donde vivir”.

Pero la realidad que vive Chile hoy es muy distinta a la que Toro padeció.

Si es deportado, regresará a un país que en los últimos 21 años ha sido democrático, dirigido por el primer gobierno derechista electo popularmente, luego de que una mujer, divorciada y socialista, fuera la máxima autoridad constitucional.

Del MIR que Toro ayudó a fundar sólo queda un grupúsculo que carece de representatividad popular, y que hace décadas dejó su lucha armada.

Durante el régimen militar 3.065 opositores fueron asesinados y un tercio desapareció. De la dictadura siguen vigentes no pocos derechistas que apoyaron a Pinochet y que fueron su sustento político.

Pero la policía represiva del dictador fue disuelta y 800 personas —que fueron sus agentes— enfrentan juicios por violaciones a los derechos humanos. De ellos, 71 están encarcelados, según cifras oficiales a noviembre de 2010.

En términos generales, los restantes, hoy ancianos, esperan continuar anónimos y no ser nombrados en ninguna nueva querella por crímenes de lesa humanidad.

Toro no enfrenta acusaciones de ninguna clase ante tribunal alguno en Chile. Su certificado de defunción, emitido en Chile el 9 de diciembre de 1978 por “muerte presunta”, no debería ser un obstáculo para devolver al chileno a su país.

Toro asegura que el certificado fue solicitado por su madre que fue obligada a hacerlo por las autoridades. Pero el gobierno Chileno dice que anular ese documento es un tramite sencillo, y no existen barreras para su regreso como ciudadano.

“Chile está obligado a recibir a sus nacionales que vengan deportados de otros países”, dijo un portavoz de la subsecretaría del ministerio del interior chileno. “En caso de que Estados Unidos decida deportar a este ciudadano, existen procedimientos de documentación necesarios para que la eventual deportación se haga efectiva”.

Toro aún sufre pesadillas y sigue atrapado en las memorias del país que dejó cuando era un joven revolucionario.

Dice que no tiene familia en Chile luego de que sus padres murieran durante su largo exilio, pero al salir dejó atrás ocho hermanos y hermanas menores.

Dice que teme ser torturado y muerto bajo policías de Pinochet que no han sido juzgados o que se encuentran en el gobierno, pero el ahora independiente sistema judicial chileno ha procesado cientos más de los que Toro recuerda.

Teme que el presidente chileno Sebastián Piñera libere al jefe de espías de Pinochet, Manuel Contreras, y a otros torturadores, pero lo único que está en trámite en el Congreso es un proyecto de ley para reducir la sobrepoblación carcelaria que explícitamente excluye a los reos mayores de 80 años y a los enfermos terminales para dejar expresamente fuera de los beneficios a violadores de derechos humanos, según dijo el ministro de Justicia, Felipe Bulnes.

Cree que podría enfrentar repercusiones por hablar y apoyar la causa radical de recuperación de la tierra ancestral de los indios Mapuche mediante la violencia —y quienes fueron acusados de violar la ley antiterrorista de Chile_, pero en ese país hay muchos activistas que hablan abiertamente en favor de esos prisioneros, sin temor a represalias.

El Chile de Toro, en resumen, no es aquel que dejó en 1977: una sociedad en la que oscuros agentes del terror actuaron bajo la más absoluta impunidad, en la que miles de chilenos participaron en las atrocidades y miles más fueron intimidados.

“El gobierno que hay ahora es la esencia de lo que Pinochet estableció en Chile”, dijo Toro. “Piñera es un producto de la dictadura militar. Está gobernando con las leyes de Pinochet. Sigue esa misma constitución que es el pinochetismo. Es un modelo de opresión. Si voy a Chile voy a pelear contra eso”.

Pero hasta algunos de los antiguos camaradas de Toro del MIR dicen que Chile ha madurado en más de dos décadas de democracia. “Hemos regresado tantos a Chile y no ha pasado nada,” dijo a la AP el médico Edgardo Condeza Vaccaro, fundador de la organización guerrillera.

El MIR de ese entonces era una organización que estaba fuera de la ley chilena. Fundado el 15 de agosto de 1965, el movimiento propugnaba por la vía armada para establecer un estado socialista y criticaba al gobierno del presidente Salvador Allende, que llegó al poder mediante las urnas, al que catalogaban simplemente de reformista.

A dos años de su creación, el movimiento político-militar, de corte marxista-leninista, inició su preparación para una lucha armada y en 1969 iniciaron robos de bancos para financiar su guerra

Durante uno de esos asaltos a instituciones financieras murió un suboficial de la policía uniformada y otro falleció en un enfrentamiento entre policías y miristas. Ambos hechos ocurrieron antes de que Allende asumiera la presidencia, en noviembre de 1970.

El MIR fue uno de los grupos más perseguidos por los servicios represivos de la dictadura, junto con los militantes del Partido Comunista. No hay cifras exactas de cuántos policías o agentes represivos murieron a manos de los miristas, pero la acción militar más destacada durante la dictadura fue el asesinato del coronel Roger Vergara, director de la escuela de inteligencia del ejército, el 29 de marzo de 1985. Otras acciones fueron de poca monta; propagandísticas.

Toro encabezó el grupo de los “sin casa”, que se centró en la ocupación ilegal de terrenos y en masivas protestas callejeras. Los robos de bancos y las expropiaciones a los ricos le parecieron legítimos a él en ese momento. Pero dice que no robó ni participó en episodios de violencia.

Tras el golpe militar del general Pinochet el 11 de septiembre de 1973, pasó unos meses escondido hasta que fue arrestado en Santiago en 1974, cuando fue a visitar a su amigo, Carlos Díaz, alias “El Guatón Omar”, en el sector sur de San Miguel, en Santiago.

“Me di cuenta que estaban todos muy tensos”, dijo al entrar al taller de Díaz. Toro huyó de la emboscada en su vehículo, pero agentes del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA) le rodearon con sus autos.

Le obligaron a salir y lo apalearon, hasta que quedó inconsciente, dice. El chileno asegura que despertó en una base de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea (AGA), en el barrio de Los Condes, en Santiago.

“Pasé un año con las manos atadas y mucho tiempo con los ojos vendados”, testificó Toro a las cortes de inmigración, según un largo expediente judicial en poder de la AP. “Mi condición era la de un político desaparecido. Me electrocutaban los genitales, las orejas, la boca; sufrí momentos en que pensaba que iban a asesinarme, a dispararme… Me desmayaba todo el tiempo”.

Luego fue trasladado a distintos campos de concentración, pero la cronología de sus ingresos y egresos difiere ligeramente al comparar entrevistas y documentos judiciales.

Aparentemente Toro fue enviado primero al campo de Tres Alamos y más adelante al de Ritoque, en la ciudad de Valparaíso. Pasó allí un año. Entre otros lugares, también pasó por Villa Grimaldi, en Santiago, donde asegura que fue personalmente torturado por el general Manuel Contreras, el coronel Marcelo Moren Brito y el capitán Miguel Krassnoff Martchenko.

“Me colocaban en una cama de hierro electrificada y me ataban por los brazos y las piernas y la electricidad se transmitía a través de la cama”, dijo Toro. “Colocaban la electricidad en distintas partes del cuerpo. Llamaban a esta tortura ‘La Parrilla”’.

Toro testificó que también estuvo en el campo de Cuatro Alamos, en una celda que más bien era un hoyo en la tierra al que llamaban “El Chucho”.

“No me daban acceso al baño y tenía que hacer mis necesidades en la propia celda”, dijo.

A finales de 1977 varios gobiernos y organizaciones mundiales exigieron que Pinochet cerrara los campos. “Se vio obligado a liberar a mucha gente y yo fui incluido en una lista de 17 personas que fueron expulsadas del país”, dijo Toro.

Toro sufre de asma, hemorroides, diabetes, problemas nerviosos y episodios de depresión, secuelas de las torturas que sufrió, según su médico, llamado Clyde Landford Smith, que lo ha tratado de serios dolores de espalda y asma.

Smith, que trabaja en Montefiore Medical Center en el distrito del Bronx, testificó que las torturas en Chile y su arresto en Estados Unidos están directamente relacionados con los episodios de estrés post-traumático.

Su esposa, también víctima de torturas en Tres Alamos, testificó que sus problemas de salud han durado años.

“A veces él sueña que está siendo perseguido”, dice la mujer según el expediente de la corte. “Muchas veces está nervioso y ansioso. Por ejemplo, el hecho de que Chile vuelve a tener un gobierno derechista, que tiende a ser como el de Pinochet, le afecta mucho”.

Su hija Rosario testificó que a veces Toro prefiere dormir en el suelo debido a sus problemas de espalda.

“Mi padre no es una persona muy emocional, que llora y eso; todo se lo queda dentro. Tiene momentos en que está depresivo y no quiere hablar con nadie, se aisla, y es duro”, dijo Rosario según el expediente judicial en manos de la AP.

Cuba le concedió finalmente el asilo por ser miembro del MIR. Sin embargo, la directiva del MIR le expulsó en ese momento por varias discrepancias políticas, entre ellas, la imposición de una política de retorno a Chile a la que Toro se negó a acceder.

“Ya no podía hacer lo que había hecho toda mi vida, ya no era miembro del MIR y el único motivo para vivir en Cuba hubiera sido un apartamento, un trabajo, y nada más”, testificó Toro en la corte. “Ya no podía establecer mi condición de trabajador social”.

Tras pasar por Nicaragua con un visado de tránsito, Toro, su esposa e hija llegaron a México, donde asegura le empezaron a perseguir agentes de Pinochet. Cruzó la frontera ilegalmente por el río Bravo, en Texas, en 1984, y tras pasar por Albuquerque y San Francisco, se estableció finalmente en el Bronx.

Con un juicio que tienen pocas probabilidades de ganar, los días de Toro en Estados Unidos podrían estar contados.

“Por supuesto que lo que hago aquí lo haría en Chile, que es luchar por los derechos de la gente”, dice. “Soy hijo de mineros, obreros, lo que hago aquí lo haré hasta los últimos días de mi vida, dondequiera que me ponga el destino”.

Victor Toro Transcripts

by on July 9, 2011

Just Released: The full transcripts of Victor Toro’s Immigration Case Hearings

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